¿Cómo puedo ser útil a Dios?


 
Cuando consideramos cómo Jesucristo nos amó y se entregó en la cruz por nosotros, no podemos evitar amarlo. A menudo queremos hacer algo para Él a cambio.

Así que le podríamos preguntar al Señor: “¿Qué quieres que haga por Ti?” y “¿Cómo te puedo ser útil?”.

El problema con preguntas como éstas es que sugieren que Dios nos creó primordialmente para que hagamos algo para Él. Pero ¿es por esto en realidad que Él nos creó? Él ya tenía una multitud de ángeles para servirle. ¿Por qué necesitaba Dios crear a la humanidad, si era para el mismo propósito?

Leamos algunos versículos y notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro para explorar esta idea. 


Creados como vasos

En realidad, el deseo del corazón de Dios no es que la humanidad haga algo para Él. En cambio, Él quiere que lo expresemos.

Quizás pensemos que expresar a Dios es comportarse de cierta manera o hacer cosas que creemos que le complacerían. Pero esto no es lo que Dios quiere. La intención de Dios es primero entrar en nosotros, luego extenderse y llenar todo nuestro ser hasta que lo expresemos espontáneamente. 

Solemos centrarnos en nuestro comportamiento externo, en lo que podemos hacer para Dios o en cómo podemos ser útiles a Dios. Pero Dios está interesado en primeramente llenarnos en nuestro interior.

Podemos ver esto en la manera particular en la que Dios nos creó. Romanos 9:23-24 dice:

“Para dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que Él preparó de antemano para gloria, a saber, nosotros, a los cuales también ha llamado”.

Observe aquí que el versículo no se refiere a nosotros como instrumentos o herramientas, sino como vasos. Entonces, ¿qué es un vaso? Un vaso es un recipiente hueco con una abertura. Su propósito es contener algo. De hecho, su única razón de existir es recibir y ser lleno de algún contenido.

Isaías 64:8 dice:

“Ahora, pues, Jehová, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú, nuestro Alfarero; y obra de Tus manos somos todos nosotros”.

Dios es el Alfarero divino que hizo a los seres humanos específicamente como vasos, no como herramientas o instrumentos para ser usados por Él. Y ya que somos vasos, ¿qué debemos contener? Fuimos creados para contener a Dios mismo.

Si un vaso está vacío, no está cumpliendo su propósito. Esto explica por qué antes de ser salvos nos sentíamos tan vacíos y sin propósito.

Pero ¡alabado sea Dios, ya no somos vasos vacíos! Cuando creímos en Cristo, lo recibimos en nuestro espíritu. Él entró en nosotros. Ahora Él está viviendo en nosotros y quiere llenarnos por completo para que vivamos una vida que lo exprese. 


¿Cómo podemos ser llenos de Dios?

Dios primero entró en nosotros cuando recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador. Nada puede deshacer o cambiar este hecho. Pero Él quiere que continuemos recibiéndolo hasta que todo nuestro ser esté lleno de Él e incluso rebosando de Él. 

Así que, ¿cómo sucede esto? Efesios 5:18-21 nos dice:

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien, sed llenos en el espíritu, hablando unos a otros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y salmodiando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo a nuestro Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo; sujetos unos a otros en el temor de Cristo”.

La nota 1 en el versículo 18 en el Nuevo Testamento Versión Recobro señala el resultado de ser lleno: 

“Embriagarnos con vino es ser llenos en el cuerpo, mientras que ser llenos en el espíritu (nuestro espíritu regenerado, no el Espíritu de Dios) es ser llenos de Cristo (1:23) hasta la medida de la plenitud de Dios (3:19). Embriagarnos con vino en nuestro cuerpo físico nos trae disolución, pero ser llenos de Cristo, la plenitud de Dios, en nuestro espíritu, hace que rebosemos de Cristo al hablar, cantar, salmodiar y dar gracias a Dios (vs. 19-20), y también hace que estemos sujetos los unos a los otros (v. 21)”.

Y la nota 1 en el versículo 19 señala que el resultado también es la manera en la que podemos ser llenos: 

“Los vs. 19-21 modifican la frase sed llenos en el espíritu del v. 18. Los salmos, himnos y cánticos espirituales no sólo son para ser cantados y salmodiados, sino también para que nos los hablemos unos a otros. El hablar, cantar, salmodiar, darle gracias a Dios (v. 20), y el someternos unos a otros (v. 21) no solamente son el rebosar producto de ser llenos en el espíritu, sino que también son la manera en que somos llenos en el espíritu”.


Maneras prácticas de ser llenos

Este pasaje en Efesios menciona algunas maneras muy prácticas en las que podemos experimentar ser llenos en el espíritu.

  1. Hablando unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales: Podemos no sólo cantar himnos, sino también hablar las palabras unos a otros. 
  2. Cantando y salmodiando:  Cantar himnos y cánticos espirituales tiene muchos beneficios maravillosos. No tenemos que ser buenos cantantes; todos podemos cantar con nuestro corazón al Señor.
  3. Dando gracias: Efesios 5:20 habla de dar siempre gracias por todo, no sólo durante los momentos buenos y por las cosas buenas. Quejarnos de nuestra situación no nos llena del Señor. Pero una vez que comenzamos a darle gracias incluso en medio de circunstancias difíciles, experimentamos ser llenos de Él.
  4. Sujetándonos unos a otros: Probablemente no pensaríamos que sujetarnos unos a otros es una manera de ser llenos, pero Efesios 5:21 incluye esto como un resultado y una manera de ser llenos en nuestro espíritu. Como miembros del Cuerpo de Cristo, el Señor quiere que no sólo estemos sujetos a Él como Cabeza, sino también unos a otros en el temor de Cristo.

La Biblia dice claramente que Dios quiere que seamos llenos de Él. Al llenarnos de Él mismo, Dios se expresará a través de nosotros, llevando a cabo Su propósito eterno

Todos los días podemos practicar estas maneras de ser llenos en el espíritu. También recomendamos encarecidamente pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro. Usted puede leer el comentario acerca de estos versículos en Efesios 5 para ser impresionado más profundamente con el deseo de Dios de llenarnos con miras a Su expresión.
 
 


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