La fuente de la Biblia: ¿Dios o el hombre?

 
¿De dónde vino la Biblia? ¿Son las palabras de la Biblia simplemente tradición popular religiosa, escritas por personas a través de los siglos? ¿Son el producto de los pensamientos e imaginaciones de algunos hombres? ¿O es la Biblia la Palabra inspirada de Dios? ¿Escribió Dios la Biblia? ¿O fueron los hombres?

Puesto que nuestra fe está basada en este libro, es crucial que nosotros como cristianos conozcamos la fuente de la Biblia.


Conocer la fuente es crucial

Cuando deseamos saber cuán fiable es una cosa, verificamos su fuente. Por ejemplo, definitivamente queremos saber de dónde proviene el agua que bebemos. Si sabemos que proviene de una fuente pura, estamos seguros que podemos beberla sin que nos haga daño. De manera similar, confiamos en ciertos informes de noticias si consideramos que los reporteros son fiables y los hechos han sido revisados.

A fin de evaluar la confiabilidad de algo, es de gran ayuda conocer su fuente. Cuando la conocemos, podemos determinar si debemos desecharlo o considerarlo valioso y fiable. Mucho depende de la fuente. Esto también es cierto cuando hablamos de conocer la fuente de la Biblia.


¿De dónde provino la Biblia?

A través de los siglos, muchas personas en distintas épocas y de distintas culturas han escrito sus pensamientos, observaciones y filosofías acerca de la vida. Pero, ¿qué de la Biblia? ¿Es ésta meramente una colección de los pensamientos, observaciones y filosofías de hombres piadosos acerca de Dios?

En 2 Pedro 1:21, el apóstol Pedro dice:

“Porque ninguna profecía jamás fue traída por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios siendo movidos por el Espíritu Santo”.

Pedro explica que aunque las Escrituras fueron escritas por medio de hombres, estos hombres hablaron de parte de Dios. La fuente de la Biblia es Dios, no los hombres.

Podemos ver esto cuando consideramos las palabras verdaderas y profundas en las Escrituras. ¿Podría alguna persona caída escribir tales palabras? A veces desafían nuestras expectativas al proveernos un consuelo indescriptible o una iluminación penetrante respecto a nuestra condición interna. Incluso si una persona deseara escribir algo para Dios o acerca de Dios, toda la humanidad es caída, y la mente del hombre está oscurecida y limitada, incapaz de escribir tales palabras como aquellas que se encuentran en la Biblia.


¿Cómo llegaron las palabras de la Biblia de parte de Dios a nosotros?

Los hombres no hablaron nada que provino de ellos mismos, sino que fueron usados por Dios para escribir las palabras de la Biblia. Para entender cómo esto puede ser, necesitamos ver esta frase: “los hombres hablaron de parte de Dios siendo movidos por el Espíritu Santo”.

La nota 2 de 2 Pedro 1:21 del Nuevo Testamento Versión Recobro explica:

“Ninguna profecía fue traída por voluntad humana. La voluntad, el deseo y el anhelo del hombre, con su pensamiento e interpretación, no fueron la fuente de la cual surgiera profecía alguna; la fuente fue Dios, por cuyo Espíritu Santo los hombres fueron movidos, tal como un barco es empujado por el viento, para proclamar la voluntad, el deseo y el anhelo de Dios”.

Si alguna vez ha visto un barco de vela navegar por el agua, ha visto sus velas atrapar el viento. Se mueve no por su propio poder, sino por el poder de ese viento. Este cuadro demuestra cómo la Biblia vino de Dios. Así como un barco es movido por el viento, ciertos hombres fueron movidos, o llevados, por el Espíritu Santo. Por este Espíritu, estos hombres pudieron hablar o escribir la voluntad, el anhelo y el deseo de Dios. Esto es lo que queremos decir cuando decimos que la Biblia es inspirada por Dios.

Así que las palabras de la Biblia no tuvieron su origen en la mente del hombre. Pero ¿cómo fue que ellos “fueron movidos”?


El Espíritu Santo y el espíritu humano

Es importante ver que Dios creó a los seres humanos no sólo con una mente, sino también con una parte interna que es más profunda que la mente. La Biblia nos dice en Zacarías 12:1 que Dios formó “el espíritu del hombre dentro de él”. Este “espíritu del hombre” es nuestra parte más profunda y, al igual que las demás partes de nuestro ser, tiene una función específica. Nuestros ojos son para ver, nuestros oídos son para escuchar y nuestro espíritu humano es para contactar, recibir y contener a Dios.

Juan 4:24 dice:

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.

El Espíritu en este versículo se refiere al Espíritu divino y el espíritu se refiere al espíritu humano. Con nuestro espíritu humano, nosotros los seres humanos podemos adorar a Dios, tener comunión con Dios y conocer a Dios, quien es Espíritu.

Así que, ¿cómo se relaciona esto con el origen de la Biblia? Mientras ciertos hombres tenían comunión con Dios en su espíritu, fueron movidos, o llevados, por el Espíritu Santo para escribir no sus propias palabras, sino las palabras de Dios. Las Escrituras son las palabras de Dios y son santas porque su fuente es Dios. Éstas vinieron a nosotros de hombres que fueron movidos por el Espíritu Santo para hablar y escribir palabras de parte de Dios.


Por qué es importante que conozcamos la fuente de la Biblia

Si no vemos que Dios mismo es la fuente de la Biblia, que toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, la base de nuestra vida cristiana será inestable y vulnerable. Nuestra fe descansa firmemente en la Biblia. A fin de que confiemos en este libro, necesitamos estar claros de que Dios es la fuente de la Biblia.

En nuestro entorno diario nos relacionamos con personas que no creen en Dios o que no valoran las palabras de la Biblia como provenientes de Dios. En el trabajo, en la escuela, en la televisión, en las películas, en casi todo lugar que miramos, nos encontramos cosas y personas que nos pueden hacer dudar de la Biblia, y nos preguntamos: “¿Es la Biblia confiable?”. “¿Es todo lo que dice la Biblia cierto?”. “¿Cómo sé que la Biblia es verdadera?”. Y cuando no estamos seguros en cuanto a la Biblia, nuestra fe puede ser sacudida.

No obstante, si estamos claros que Dios es la fuente de la Biblia, sabremos que sus palabras son confiables, verdaderas y puras porque Dios es confiable, verdadero y puro. Confiaremos en la fiabilidad de la Biblia y nuestra fe será fortalecida por sus palabras. La Palabra de Dios puede sostenernos en todas las situaciones y guiarnos a conocer a Dios hoy; podemos depender de ella por la eternidad.

Puesto que sabemos que Dios mismo es la fuente de las Escrituras, podemos confiar en la Biblia de todo corazón, sin reservas o dudas. Al confiar en la Biblia y depender de ella, llegaremos a conocer a Dios cada vez más profundamente tanto en este libro como en nuestras vidas.
 
 


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