¿Qué sucede cuando una persona es salva?

 
Varias cosas maravillosas suceden cuando nos arrepentimos y recibimos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador. Somos perdonados de todos nuestros pecados y librados de ser condenados por Dios y del castigo eterno. Como resultado, por primera vez en nuestras vidas, tenemos felicidad y paz incalculables. No podemos evitar amar al Señor Jesús quien murió por nosotros en la cruz.


Perdonados, librados y nacidos de nuevo

Ciertamente es maravilloso ser perdonado por Dios y librado del castigo eterno, pero eso no es todo. Quizás lo más asombroso que nos sucede cuando creemos en el Señor Jesús es que nacemos de nuevo, es decir, somos regenerados.

¿Qué significa la expresión nacer de nuevo?

Algunos piensan que es una figura retórica, como el dicho hacer borrón y cuenta nueva, lo cual quiere decir que deciden ser mejores personas. Pero nacer de nuevo es algo más profundo. Según la Biblia, nacer de nuevo no es una metáfora que significa tener un nuevo comienzo. Por el contrario, nacer de nuevo es experimentar un nacimiento espiritual verdadero: hemos renacido con la vida de Dios.


¿Por qué necesitamos nacer de nuevo?

Ya que nuestros pecados han sido perdonados, ¿no es eso suficiente? ¿Por qué necesitamos nacer de nuevo?

Nacimos con la vida física y humana, la cual recibimos de nuestros padres. Pero Dios quiere que tengamos Su vida divina además de nuestra vida humana. Renacemos con la vida divina de Dios al creer en Cristo.

Sin importar si somos personas buenas que viven una vida muy moral, o si vivimos en el otro extremo o en algún punto intermedio, cada uno de nosotros necesita renacer espiritualmente a fin de tener la vida divina de Dios.

En Juan 3:3 el Señor Jesús nos deja en claro que todos debemos nacer de nuevo:

“El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

A fin de que Su plan se lleve a cabo, Dios quiere que seamos personas quienes no sólo han sido perdonadas y limpiadas, sino quienes también poseen Su vida divina.


Dos nacimientos

Es por eso que Dios nos creó como vasos para contenerle. Específicamente, Él nos hizo con un espíritu humano, la parte más profunda de nuestro ser, la cual puede contactar, recibir y contener a Dios.

El Señor Jesús dijo en Juan 3:6: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. “Nacido de la carne” se refiere a nuestro nacimiento físico, y “nacido del Espíritu” se refiere a nuestro nacimiento espiritual.

“El Espíritu” es el Espíritu de Dios, y “espíritu” se refiere a nuestro espíritu humano. Cuando creemos en Jesucristo, nuestro espíritu humano nace del Espíritu con la vida divina de Dios.


¿Cómo es esto posible?

Dios es santo y justo. ¿Cómo puede Él dar Su vida eterna y divina a seres humanos pecaminosos? Gracias a que Cristo murió en la cruz, Dios puede perdonar y limpiar plenamente a todos aquellos que se arrepienten y creen en Él. Ahora el Dios santo y justo puede entrar en nuestro espíritu y engendrarnos con Su vida.

Necesitamos darnos cuenta de que Dios nos perdona, limpia y libra del castigo eterno para que podamos recibir Su vida eterna.

Para ilustrar esto, supongamos que queremos servirnos un zumo delicioso en un vaso. Pero hay un problema: el vaso está sucio. Primero debemos lavar el vaso y luego podemos llenarlo con el zumo.

De igual manera, Dios desea llenarnos consigo mismo como vida divina, pero primero nosotros los pecadores necesitamos ser limpiados con la sangre de Jesús. Una vez que creemos y somos limpiados, la vida divina puede entrar en nosotros sin ningún obstáculo.


Nacer de nuevo nos hace hijos de Dios

De la misma manera que nacer físicamente de nuestros padres nos hace sus hijos, nacer de Dios espiritualmente nos hace hijos de Dios.

Juan 1:12-13 nos dice este hecho:

“Mas a todos los que le recibieron [a Jesucristo], a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

¿No es maravilloso que nosotros como seres humanos podamos tener la vida divina de Dios y ser Sus hijos? ¡Qué cosas tan maravillosas nos sucedieron cuando fuimos salvos!

Agradeceremos al Señor Jesús por toda la eternidad por morir en la cruz por nosotros a fin de que pudiéramos ser perdonados y limpiados de nuestros pecados. Estamos muy agradecidos por que ya no estamos bajo la condenación de Dios, la cual conduce al castigo eterno. Pero también le agradecemos a Dios que Su salvación va más allá ¡Nacimos del Espíritu en nuestro espíritu! ¡Tenemos la vida de Dios!

Podemos hacer eco de la alabanza que el apóstol Pedro ofrece a Dios en 1 Pedro 1:3:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.

 
 


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