¿Qué debo hacer cuando peco después de ser salvo?

 
Cuando nos arrepentimos ante Dios por primera vez y recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador, fuimos perdonados de todos nuestros pecados y la paz inundó nuestros corazones. Además, la Palabra de Dios nos asegura que nuestra salvación es para toda la eternidad y nunca puede ser anulada.

Pero, aunque somos salvos, sabemos por experiencia personal que eso no significa que somos inmunes al pecado. Todavía pecamos después de experimentar la salvación, a pesar de nuestros mejores esfuerzos. Así que, ¿qué debemos hacer cuando pecamos después de haber sido salvos? La Palabra de Dios nos dice que debemos confesar nuestros pecados al Señor.

Confesar a Dios los pecados que cometemos después de ser salvos es absolutamente crucial para nuestra vida como cristianos. En esta entrada cubriremos por qué necesitamos confesar nuestros pecados, qué significa confesar, cómo confesar y cuáles son los resultados de confesar.


Por qué necesitamos confesar: el pecado interrumpe nuestra comunión con el Señor

Nuestro Dios es un Dios de amor, pero Él también es santo y justo. Dios no puede tolerar el pecado, así que los pecados que cometemos crean una barrera entre nosotros y Él e interrumpen nuestra comunión con Él.

Podemos ver esto incluso en nuestras relaciones humanas. Supongamos que usted ofendió a su amigo al decir palabras hirientes y nunca se disculpa. Ambos sienten que hay un distanciamiento entre ustedes, pero hasta que se aclaren las cosas por medio de disculparse, simplemente no pueden sentirse cómodos en presencia uno del otro.

Esto se aplica mucho más a nuestra relación con el Señor. Cuando cometemos un pecado sentimos en nuestra conciencia que hemos ofendido al Señor. Perdemos la comodidad y dulzura de nuestra relación. Hemos transgredido contra Él y ese pecado ahora es una barrera entre nosotros que perturba nuestra comunión con Él.

Así que necesitamos confesar nuestros pecados al Señor porque, aunque nuestra salvación es eterna y nunca la podremos perder, nuestros pecados hacen que nuestra comunión con Dios sea interrumpida.


Qué significa confesar: admitir, reconocer nuestro pecado

Antes que todo, ¿cómo nos damos cuenta de que hemos pecado? Como nos dice 1 Juan 1:5: “Dios es luz”. Así que cuando Dios nos alumbra Él pone al descubierto nuestros pecados y fracasos y llegamos a estar conscientes de ellos. El resultante sentido de culpa en nuestra conciencia es intransigente y no puede ser aplacado por ningún razonamiento o excusa de nuestra parte. En lugar de justificar nuestro pecado o tratar de encubrirlo, debemos reconocer los pecados sobre los cuales Dios resplandece y pedirle que nos perdone.

Salmos 32:5 nos da un buen ejemplo de esto. El salmista dijo: “Mi pecado reconocí ante Ti, y no cubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré a Jehová mis transgresiones. Y Tú perdonaste la iniquidad de mi pecado”.

Estos versículos nos ayudan a ver que confesar nuestros pecados a Dios significa reconocerlos y no intentar encubrirlos, sino admitirlos al Señor. Estamos de acuerdo con el juicio de Dios y decimos: “Sí, Señor, eso es pecado”.


Cómo confesar: orar al Señor tan pronto nos damos cuenta de que hemos pecado

Cuando nos damos cuenta de que hemos pecado y ofendido al Señor, necesitamos confesar. Pero ¿cómo hacemos esto?

Confesamos nuestros pecados en oración a Dios. Ya sea una transgresión pequeña o una más seria, cuando el Señor nos hace saber por medio de nuestra conciencia que hemos pecado, inmediatamente debemos admitirlo a Él en oración y pedirle que nos perdone.

No necesita ir a cierto lugar, decirle a una persona en particular o esperar por un momento especial para confesar sus pecados. Sin importar dónde esté, tan pronto se percate de que ha pecado puede confesar directamente al Señor al orar. Ya que Él vive en su espíritu, usted puede orar a Él en cualquier momento para confesar sus pecados.


Un ejemplo práctico

Digamos que en el lugar donde trabaja hay una reserva de libretas y bolígrafos. Ya que son exactamente el tipo que le gustan, se lleva algunas para usarlas en su casa. En la mañana, mientras vuelve su corazón al Señor para pasar tiempo con Él, Él lo alumbra y redarguye su conciencia de que ha tomado algo que no le pertenece. En este momento, usted podría razonar: “La oficina tiene muchas de esas cosas; no le harán falta”. O puede hacer caso al sentir de culpa y el redargüir de su conciencia, y estar de acuerdo con el Señor de que lo que usted hizo estuvo mal.

Cuando usted decide hacer caso al Señor, inmediatamente puede orar: “Sí, Señor, tienes razón; he pecado. Confieso que me llevé esas cosas. Lo siento. Perdóname, Señor. Gracias que derramaste Tu preciosa sangre para quitar mi pecado”.

Note que esta oración sencilla no incluye una promesa de mejorar. Esto no es un requisito para confesar. Lo que se requiere es reconocer su pecado ante el Señor y declarar su fe en la obra de Cristo en la cruz.

Por supuesto, en este ejemplo, después de confesar al Señor también debe devolver los artículos a su lugar de trabajo y no quedarse con ellos.

El pecado en este ejemplo quizás parezca pequeño, incluso insignificante. Pero en principio, todos los pecados —grandes o pequeños— deben ser confesados, ya que cualquier pecado interrumpe nuestra comunión con Dios.


El resultado de confesar: el perdón y el lavamiento

En 1 Juan 1:9, un versículo escrito por el apóstol Juan a unos creyentes, vemos el resultado de confesar nuestros pecados:

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.

Si confesamos, el resultado es que somos perdonados y limpiados.

La nota 2 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica lo que significa que Dios sea fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados:

“Dios es fiel a Su palabra (v. 10) y justo con relación a la sangre de Jesús Su Hijo (v. 7). Su palabra es la palabra de la verdad de Su evangelio (Ef. 1:13), la cual nos dice que Él perdonará nuestros pecados por causa de Cristo (Hch. 10:43); y la sangre de Cristo ha satisfecho Sus requisitos justos para que Él pueda perdonar nuestros pecados (Mt. 26:28). Si confesamos nuestros pecados, Dios, conforme a Su palabra y con base en la redención efectuada mediante la sangre de Jesús, nos perdona porque Él tiene que ser fiel a Su palabra y justo con relación a la sangre de Jesús; de otro modo, Él sería infiel e injusto. Debemos confesar los pecados para que Él nos pueda perdonar. Tal perdón, cuyo fin es restaurar nuestra comunión con Dios, es condicional, pues depende de nuestra confesión”.

Al confesar nuestros pecados recibimos el perdón, un perdón que se basa firmemente en la justicia de Dios.

Además, la nota 3 del mismo versículo explica lo que significa que Él nos limpia de toda injusticia:

“Perdonarnos es liberarnos de la culpa de nuestros pecados, mientras que limpiarnos es lavarnos de la mancha de nuestra injusticia”.

Cuando confesamos nuestros pecados, somos perdonados y limpiados y nuestra comunión con el Señor es restaurada plenamente ya que el obstáculo de nuestro pecado es eliminado. ¡Alabado sea el Señor!
 
 


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