¿Gusta a Dios en la Palabra?


 
Necesitamos comer alimento para sustentar nuestra vida física y mantenernos saludables. Pero el hecho de que tengamos que comer no significa que sea una tarea tediosa. De hecho, comer es un disfrute para nosotros, especialmente cuando la comida es sabrosa.

Asimismo, la Biblia nos dice que la Palabra de Dios nos sustenta y nos mantiene espiritualmente saludables. Pero ¿cuál es nuestro sentir en cuanto a leerla? ¿Es el tiempo que pasamos en la Palabra de Dios una obligación árida y tediosa que sentimos que tenemos que cumplir? ¿O es acaso un tiempo de disfrute y de ser nutridos? Dios desea que nuestro tiempo en Su Palabra no sea una obligación sino un deleite.


El sabor de Dios es dulce y bueno

Dios no desea que sólo le conozcamos con nuestra mente. Muchos versículos a través de toda la Biblia indican que Dios en realidad desea que gustemos de Él en nuestro corazón por medio de Su Palabra.

Por ejemplo, Salmos 119:103 dice:

“¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras!
¡Más dulce que la miel a mi boca!”

Y 1 Pedro 2:2-3 dice:

“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado lo bueno que es el Señor”.

Ya que las palabras de Dios provienen de Su mismo ser, ellas llevan el sabor de Dios. Los versículos anteriores nos dicen que el sabor de Dios en Su Palabra es dulce y bueno, y muchos otros versículos en la Biblia revelan que se puede disfrutar a Dios en Su Palabra. Así que si la Palabra no tiene sabor para nosotros, el problema no es la Palabra en sí, sino que debe ser la manera en la cual acudimos a ella.


Cómo acudimos a un banquete

Supongamos que una persona es invitada a un banquete. Cuando llega, puede ver muchos platos sabrosos y deliciosos, pero no ha venido al banquete a comer. En cambio, ha venido a estudiar la comida y obtener información acerca de cada plato.

Obviamente, este invitado no disfrutaría mucho del banquete, no porque la comida no sea deliciosa, sino porque ha venido con la intención equivocada. Debería haber venido con la intención de comer, probar y disfrutar cada plato. Sin importar cuánto él aprenda acerca de la comida, no la puede probar porque no está comiéndola.

La Palabra de Dios es un verdadero banquete preparado por Dios para nosotros. Así que, ¿cómo acudimos a la Biblia con la intención de disfrutar a Dios?


1. Debemos acudir a la Biblia con nuestro corazón vuelto a Dios y con hambre de Él.

Nuestro corazón es la puerta de todo nuestro ser. Si nuestro corazón está alejado del Señor, no podemos verlo o gustar de Él en Su Palabra. Necesitamos acudir a la Palabra con un corazón cálido y abierto.

Orar un poco antes de abrir nuestra Biblia es una buena manera para volver nuestros corazones al Señor: “Señor Jesús, te amo. Me vuelvo de otras cosas a Ti. Vengo a Ti en Tu Palabra no por obligación, pero porque te amo. Tengo hambre de Ti, Señor. Abro mi corazón a Ti”.


2. Debemos acudir a la Biblia para comer a Cristo al usar nuestro espíritu.

Si venimos a la Biblia como si fuera un libro de texto, perderemos la oportunidad de recibir vida de la Palabra de Dios. Es posible que obtengamos algún conocimiento objetivo acerca de Dios o aprendamos algo interesante, pero no gustaremos lo bueno o dulce que es el Señor. Como ilustramos anteriormente, gustamos la comida al comerla, no al estudiarla.

Debemos darnos cuenta de que la Palabra de Dios es nuestro alimento espiritual. El Señor Jesús nos dijo en Juan 6 que Él es el pan vivo para que le comamos y que debemos comerle para que vivamos por Él. Claro, Él no quiso decir que deberíamos comer Su carne física; en el versículo 63 Él dijo: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.

Debido a que Sus palabras son espíritu y vida, debemos usar nuestro espíritu humano para tocar el Espíritu en la Palabra a fin de recibir la vida. Solamente nuestro espíritu, no nuestra mente, puede contactar al Espíritu vivificante.

Cuando vayamos a leer la Biblia podemos orar: “Señor Jesús, gracias que Tus palabras son espíritu y vida. Me vuelvo a mi espíritu ahora mismo para contactarte como Espíritu en la Palabra. Señor, aliméntame contigo Mismo. Que Tu Palabra sea el pan de vida para mí”.


3. Cuando acudimos a la Biblia, no debemos centrar nuestra atención en nosotros mismos, sino en nuestro Señor maravilloso y en todo lo que Él es.

Si leemos la Biblia principalmente para obtener ayuda en cuanto a cómo comportarnos, cómo llevar una buena vida o cómo mejorarnos, erraremos al blanco de gustar y comer al Señor. Hablando físicamente, la comida nos cambia metabólicamente y nos hace crecer. Asimismo, experimentamos un cambio verdadero e incluso somos transformados espontáneamente a la imagen de Cristo, no al mejorar exteriormente nuestro comportamiento, sino al recibir alimento espiritual interiormente a medida que comemos y disfrutamos a Cristo en Su Palabra.

Una oración sencilla que nos puede ayudar a centrarnos en Cristo en Su Palabra es: “Señor Jesús, centro toda mi atención en Ti. Quiero verte y disfrutarte en Tu Palabra. ¡Eres tan maravilloso! Señor, muéstrame más de Ti mismo”.

Incluso las oraciones breves nos pueden ayudar a volver nuestro corazón al Señor Jesús, comer de Él como alimento en la Palabra y centrar nuestra atención en Él. Éstas pueden marcar la diferencia en nuestra experiencia de Dios en Su Palabra.


Continuar disfrutando de gustar a Dios en Su Palabra

Cuando gustamos cuán dulce y cuán bueno Dios es en Su Palabra, alegremente volveremos por más, puesto que hemos experimentado un gozo que va más allá de las palabras. Nuestro tiempo diario en la Palabra no se convertirá en una tarea tediosa o árida. En vez de eso, las palabras de Jeremías 15:16 serán nuestro testimonio:

“Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”.

 
 


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