Por qué los creyentes necesitan compañeros espirituales


 
Los seres humanos se necesitan unos a otros para el compañerismo y la protección mutua. Lo mismo es cierto para nosotros los creyentes; necesitamos el apoyo y el compañerismo de otros cristianos. Ya sea que seamos un nuevo creyente o que hayamos sido cristianos por un tiempo, todos necesitamos compañeros espirituales.


El principio de compañerismo espiritual en la Biblia

El principio de compañerismo espiritual está claramente presente en toda la Biblia. Por ejemplo, Eclesiastés 4:9-12 dice:

“Mejor son dos que uno, porque tienen buena recompensa por su trabajo; porque si caen, el uno levantará a su compañero. Pero ¡ay del que cae y no tiene otro que lo levante! Asimismo, si dos se acuestan juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevalece contra uno, dos le resistirán; y un cordel de tres hilos no se rompe pronto”.

No importa cuán fuertes pensemos que somos en nuestra fe, ninguno de nosotros es perfecto. Todos caemos y fallamos al Señor. Cuando lo hacemos, es fácil desanimarnos por nuestros pecados o fracasos, y podría resultarnos difícil continuar en nuestra vida cristiana. Necesitamos que otros nos levanten cuando caemos, nos animen cuando fallamos y nos ayuden a volver al Señor. Y también podemos hacer lo mismo por ellos.


Los compañeros espirituales son diferentes de los amigos

Las ovejas en un campo tienen una característica particular: siempre se agrupan. Está en su naturaleza. Por eso es raro ver una sola oveja completamente sola, lejos del rebaño. Por naturaleza, quieren estar juntas.

A los ojos del Señor, nosotros los creyentes somos Sus ovejas. Cuando fuimos salvos, fuimos regenerados con la vida de Dios. Todos los creyentes en Cristo comparten esa misma vida. Ahora nosotros, como ovejas de Dios, tenemos una necesidad y un deseo inherentes de estar con otros creyentes para nuestra protección y beneficio mutuos.

Es por esto que los compañeros espirituales no son lo mismo que los amigos. No importa cuán cercanos seamos a nuestros amigos que aún no son salvos, la relación que tenemos con nuestros compañeros espirituales es diferente. Es mucho más profunda porque se basa en nuestra fe en Jesús y en compartir la vida de Dios.

Todavía podemos pasar tiempo con nuestros amigos, pero nuestra intención no debería ser involucrarnos en las cosas viejas de nuestra pasada manera de vivir, algunas de las cuales eran pecaminosas. Nuestra meta debería ser compartir con ellos cómo fuimos salvos y cuán bueno es Jesús. Podríamos encontrar que un amigo es receptivo y orará con nosotros para recibir al Señor Jesús.

Y si tenemos compañeros espirituales, podemos orar juntos por nuestros amigos. También podemos tener comunión acerca de la mejor manera de estar con nuestros amigos y cómo hablar con ellos acerca del Señor.


Los compañeros espirituales del apóstol Pablo

El apóstol Pablo era fuerte en el Señor y en su fe. Podría ser fácil pensar que él no necesitaba ningún compañero. Pero el libro de Hechos y las epístolas de Pablo nos muestran algo diferente.

Hechos 16 registra el viaje de Pablo y Silas mientras viajaban juntos para compartir el evangelio de Jesucristo. Cuando llegaron a Filipos, le hablaron a la gente sobre el Señor Jesús y fueron arrojados a prisión como resultado. Los versículos 25 y 26 nos dicen lo que sucedió después:

“Hacia la medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos de alabanza a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”.

Incluso Pablo podría haberse sentido sin esperanzas si Silas, su compañero, no hubiera estado con él. Pero juntos, oraron y cantaron himnos de alabanza al Señor, a pesar de su situación desesperada. Los prisioneros y el carcelero los escucharon cantar y alabar.

Pablo también viajó para compartir el evangelio con Bernabé, Tito, Lucas, Timoteo y otros hermanos en el Señor. Escribió muchas de sus epístolas con uno o más de sus compañeros a su lado e incluyó sus nombres en sus saludos a las iglesias. Estos hermanos eran sus compañeros espirituales, y juntos tenían comunión, oraban y predicaban el evangelio.


La instrucción de Pablo a Timoteo

Pablo sabía lo importante que era tener compañeros espirituales por su propia experiencia. Así que en 2 Timoteo 2:22, Pablo instruyó a Timoteo, un hermano joven:

“Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Aquí, Pablo no le dijo a Timoteo que resistiera las pasiones por sí mismo para demostrar cuán fuerte era. En cambio, le dijo a Timoteo que huyera de las pasiones juveniles con aquellos que invocan al Señor de corazón puro. Al estar con tales compañeros, Timoteo no sólo podía huir de las pasiones, sino también seguir la justicia, la fe, el amor y la paz.


Orar por compañeros espirituales

El Señor no espera ni quiere que vivamos la vida cristiana por nosotros mismos. Ya sea que seamos un nuevo creyente o uno que haya sido salvo por un tiempo, todos necesitamos compañerismo espiritual.

Podemos tener comunión y leer la Biblia con nuestros compañeros espirituales. Podemos orar unos por otros y llevar las cargas uno del otro. De esta manera, nos ayudamos mutuamente a levantarnos e ir adelante incluso en situaciones difíciles. Si tambaleamos, nuestros compañeros pueden fortalecernos y animarnos a volvernos al Señor.

Independientemente de nuestra etapa en la vida, todos necesitamos compañeros para poder orar, tener comunión y buscar a Cristo juntos. Si aún no tenemos un compañero, podemos pedirle al Señor que nos ayude a encontrar al menos uno. El Señor ciertamente contestará esta oración.

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