3 pasos importantes en el plan de salvación de Dios después de la caída del hombre

 
Anteriormente hablamos de que el hombre fue creado por Dios para Su propio propósito, pero se convirtió en un ser caído, pecaminoso e incapaz de vivir de una manera que cumpliera el plan de DiosLas consecuencias de la caída del hombre son trágicas, y vemos su efecto en nuestras vidas y dondequiera que miremos hoy día.

Sin embargo, ¡Dios nunca puede ser derrotado! Y aunque el plan de Dios fue frustrado por un tiempo, éste nunca puede ser arruinado. En Su sabiduría, Dios tomó tres tremendos pasos para llevar a cabo Su plan original de impartir Su vida eterna en nosotros a fin de que participemos de Su vida y le expresemos.


Paso 1: Dios se hizo un hombre llamado Jesucristo

Hay dos versículos en el libro de Juan que describen el primer paso que Dios tomó. Juan 1:1 dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Luego, Juan 1:14 dice: “Y el Verbo se hizo carne, y fijó tabernáculo entre nosotros”.

Cuando juntamos estos dos versículos vemos algo extraordinario. El Verbo, quien es Dios, se hizo carne. ¡Dios se hizo hombre! Este primer paso por medio del cual Dios se hizo hombre se conoce como la encarnación.

Este paso es verdaderamente asombroso. El Dios del universo, quien es infinito y eterno, se hizo un hombre de carne y sangre, Jesucristo. Jesús vivió una vida humana limitada por el tiempo y el espacio y experimentó toda clase de sufrimiento humano. No obstante, Él fue el único hombre en toda la historia humana que no tuvo pecado. Durante Sus treinta y tres años y medio en la tierra, Él expresó plenamente a Dios en cada aspecto de Su vivir. Podemos ver Su humanidad maravillosa, la manera en que vivió y las palabras de gracia y verdad que Él habló cuando leemos los cuatro Evangelios.

A través de la encarnación, Cristo se vistió de un cuerpo físico de carne y sangre, lo cual hizo posible que Él muriera por nosotros. Su vida perfecta y sin mancha lo hizo apto para efectuar la redención por nosotros en la cruz.


Paso 2: Cristo murió en la cruz a fin de redimirnos

Jesucristo vino a morir por nuestros pecados. Juan 1:29 nos dice que cuando Juan el Bautista lo vio, declaró: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. Como Cordero de Dios, Cristo fue sacrificado por nosotros en la cruz. El segundo paso en el plan de salvación de Dios fue la crucifixión de Cristo.

Es por medio de la crucifixión de Cristo que la humanidad pecaminosa fue redimida, como podemos ver en Efesios 1:7:

“En quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de los delitos según las riquezas de Su gracia”.

La sangre de Cristo fue derramada no sólo para redimirnos y limpiarnos de nuestros pecados, sino también para acercarnos a Dios. Efesios 2:13 nos dice:

“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.

Nosotros los seres humanos pecaminosos podemos ser redimidos, perdonados y traídos de nuevo a Dios gracias a la crucifixión de Cristo.


Paso 3: Cristo se levantó de entre los muertos

La muerte de Cristo efectuó la redención, pero Su muerte redentora no es el fin de la historia. ¡Jesucristo se levantó de entre los muertos y derrotó a la misma muerte! El tercer paso en el plan de salvación de Dios es la resurrección de Cristo.

La resurrección de Cristo es un hecho cumplido, pero no es sólo para que lo apreciemos objetivamente. En 1 Corintios 15:45 leemos estas palabras extraordinarias:

“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán, Espíritu vivificante”.

Esto es tremendamente importante. Como un hombre de carne y sangre, Cristo nunca hubiera podido entrar en nosotros para ser vida para nosotros. Él nos redimió mediante Su muerte, pero nos puede impartir vida debido a que fue resucitado.

En resurrección, el Cristo que fue crucificado por nosotros es ahora el Espíritu vivificante. Como Espíritu, Él puede entrar en nuestro espíritu humano para morar en nosotros. De este modo, nacemos de nuevo y ¡llegamos a ser hijos de Dios con la vida de Dios!

Cristo, quien es el Espíritu vivificante, está disponible en cualquier momento y en cualquier lugar para todo aquel que se arrepienta, crea en Él y abra su corazón para recibirle. Cuando lo recibimos, recibimos la vida eterna, como Dios se había propuesto originalmente. A medida que esta vida crece en nosotros, extendiéndose desde nuestro espíritu hasta nuestra alma, expresamos a Dios a todos los que nos rodean.

La caída del hombre fue calamitosa. Sin embargo, el plan de salvación de Dios fue llevado a cabo por estos tres tremendos pasos: la encarnación, la crucifixión y la resurrección. Dios en Cristo efectuó la redención por nosotros para perdonar nuestros pecados y traernos de nuevo a Sí mismo. Dios nos redimió con el fin de que Él pudiera cumplir Su meta de entrar en nuestro espíritu para vivir en nosotros y ser expresado a través de nosotros.

¿Ha orado para ser perdonado de sus pecados y recibir la vida de Dios? Si no lo ha hecho, puede orar una oración sencilla como ésta:

Señor Jesús, me vuelvo a Ti y abro mi corazón a Ti. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Gracias por resucitar de entre los muertos. Gracias, Señor, por ser el Espíritu vivificante. Señor Jesús, creo en Ti y Te recibo en mí espíritu ahora mismo. ¡Gracias, Señor, por venir a vivir en mí!

 
 


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